Un Paseo por la Avenida de la Constitución (Parte 2) Historia de una Piqueta

El primer tramo construido de la Avenida de la Constitución, curiosamente, es el último. El más próximo a la Puerta de Jerez, que como hemos visto en el artículo anterior, se urbanizó entre 1910 y 1913 con el derribo del Colegio de Santa María de Jesús.

A la par que se abría la Avenida, en uno de los solares resultantes, concretamente en el de la izquierda, se construía el edificio que actualmente ocupa Seguros Santa Lucía, obra de estilo modernista del arquitecto José Espiau, que en un principio se extendía hasta la propia capilla en la Puerta de Jerez.

Postal de primeros del siglo XX con la imagen deledificio de Santa Lucía en su configuración inicial
Postal de primeros del siglo XX con la imagen del
edificio de Santa Lucía en su configuración inicial

El edificio promovido por Juan Bautista Calví se prolongaba en su trasera por la calle San Gregorio y, en un principio, era exclusivamente de viviendas.

En la década de los años 60 del siglo XX, con su enajenación y cambio de uso a oficinas fue parcialmente demolido, sobre todo en su fachada a San Gregorio, donde se ha rescatado un paño de la muralla interior del Alcázar de época islámica, que se puede ver a simple vista.

Con motivo de las primeras obras del metro de Sevilla, lo que quedaba del edificio tuvo problemas de estabilidad y la parte de la fachada que hacía esquina de fue demolida, para dejar lugar al edificio de oficinas y viviendas que la ocupa actualmente. Por fortuna, el resto del edificio fue rehabilitado por la compañía de seguros, donde actualmente tiene su sede.

La parcela colindante fue adquirida por Emilia Osborne Guezala, viuda de Ibarra, que encargó al reconocido arquitecto Aníbal González el diseño de un edificio destinado a viviendas y locales comerciales de estilo regionalista, que fue construido entre 1926 y 1927.

Hablar de regionalismo en Sevilla es hablar de Aníbal González.

Frente al estilo modernista empleado por Espiau, que busca la novedad centrándose en el plano decorativo, incorporando a las construcciones color, cerámica, hierro y vidrio, entre otros materiales, el regionalismo sevillano consistió en adaptar las técnicas constructivas, las artesanías decorativas y el uso de los materiales locales (ladrillo, cerámica, azulejo, madera, yeso…) a los distintos estilos históricos que dominaron los periodos de mayor bonanza de la ciudad, ante todo el mudéjar y clásico.

De esta manera se utilizaron elementos propios del Renacimiento (estilo predominante en Sevilla durante los siglos XVI y primera mitad del XVII) y del Barroco (segunda mitad del XVII y XVIII).

Aníbal González, en este caso, realiza un más que notable ejercicio de resolución de edificio en esquina. Es necesario resaltar cómo la mano hábil y experimentada del arquitecto resuelve la integración de los dos planos de las fachadas preexistentes del edificio modernista con el del arquillo de Miguel de Mañara, creando un edificio que a primera vista pasa desapercibido. Parece fácil, pero no lo es. Es una obra de calidad.

Edificio para la viuda de Ibarra en Avenida de la Constitución. Estado actual.
Edificio para la viuda de Ibarra en Avenida de la Constitución. Estado actual.

 

Para ello, proyecta un edificio con la fachada íntegramente de ladrillo visto, con elementos clasicistas, cuya ornamentación se realiza en este mismo material. La composición modulada se materializa en planta baja con una arcada de medio punto, mientras que la planta principal y segunda se abren vanos adintelados con recrecidos moldurados separados mediante apilastrados con capiteles clásicos.

La esquina se resuelve mediante una curva, siendo ésta la zona más ornamentada y destacada de la fachada. En ella aparece un hueco adintelado coronado con un frontón. La tercera planta por su parte, posee huecos enmarcados en arcos de medio punto con recrecidos. Elementos que son una clara referencia a la obra más relevante de Aníbal González: la Plaza de España.

Como consecuencia de las negociaciones para llevar a cabo el Plan de ensanche para Santo Tomás, Carbón, Maese Rodrigo y calle nueva a través del ex-Seminario de 1915, hubo una permuta. Juan Bautista Calvi se quedó con un solar en la calle Santander, antigua calle del Carbón, y el solar vacante en la Avenida Reina Mercedes terminó en manos del financiero y filántropo sevillano, pero de origen cubano, Ildefonso Marañón Lavín.

Con anterioridad a la emancipación de la isla en 1898, la familia de Marañón había vendido los ingenios azucareros de su propiedad en Cuba y habían invertido esta ingente fortuna en inmuebles urbanos y rústicos en Sevilla, que les producían ingentes rentas.

Entre ellos estaban, entre otros, los cortijos San Pablo, San Ildefonso o la totalidad de la Casa de la Moneda, convertida en 1868 en casa de vecinos.

De hecho, la nomenclatura del callejero en lo que fue la fortaleza responde a las localizaciones de los ingenios había tenido la familia de Marañón en Cuba: Habana, El Jovo, Güines, San Nicolás y Matienzo. Además, eran los propietarios del Hotel Madrid (hoy Corte Inglés de Pza Magdalena), de varias fincas rústicas, olivares y cortijos, y de ganaderías de caballos.

El origen indiano de la fortuna de los Marañón siempre levantó suspicacias entre la vieja aristocracia sevillana, acusándolos de tener su origen en la trata de esclavos.

Es necesario decir aquí que la familia siempre refutó esta acusación. Ya sea por pura filantropía o como una forma de deshacerse esta “leyenda negra”, Ildefonso Marañón hizo importantes donaciones a la ciudad de Sevilla. Construyó a su costa el Hospital de la Cruz Roja de la Ronda de Capuchinos y donó los terrenos del cortijo San Pablo donde se construyó el Aeropuerto.

Con independencia de esto, fue muy activo en los negocios financieros, siendo uno de los fundadores de la Compañía Sevillana de Electricidad, miembro de la Junta del Banco de España en Sevilla, así como accionista de la Sociedad “Tranvías S.A.”, del Periódico “La Unión” y  de otras muchas sociedades, entre ellas Sevillana de Saneamiento y Urbanización, SA, Inmobiliaria Nervión, SA o Sociedad de Seguros Mutuos Contra Incendios, de la que fue director.

Durante la Guerra Civil intervino en la formación de la industria algodonera HYTASA. También intervino en política, pues fue en dos ocasiones Diputado a Cortes por Sevilla en representación de Partido Liberal Conservador junto con el periodista Eduardo Dato. Concejal del Ayuntamiento de Sevilla por el ramo de grandes propietarios en varias legislaturas.

Retrato publicado en prensa de Ildefonso Marañón
Retrato publicado en prensa de Ildefonso Marañón

Con el paso de los años, la familia de Ildefonso Marañón Lavín accedió a la aristocracia. Sus descendientes emparentaron por matrimonio con los condes de Torres de Sánchez-Dalp y marqueses de Aracena, que eran unos de los propulsores de la arquitectura regionalista en Sevilla, sobre todo con la construcción del desaparecido Palacio de los Sánchez-Dalp (hoy Corte Inglés de Pza del Duque). También terminaron emparentando con la familia del Marquesado del Saltillo y con los barones de Vega de Hoz.

palacio Sanchez Dalp previo a su demolición
Palacio Sanchez Dalp previo a su demolición

De cara a la Exposición Iberoamericana de 1929 y al embellecimiento de la entonces incipiente Avenida de la Reina Mercedes, Ildelfonso Marañón Lavín, bien relacionado con el gobierno estatal y con el de la ciudad, encargó en 1924 la realización de una joya regionalista.

Aníbal González estaba muy ocupado con las obras de la Plaza de España y no tenía agenda para atenderlo, así que encargó a los hermanos José y Aurelio Gómez Millán, cuñados de Aníbal González, el proyecto de construcción de un edificio casi rectangular, de tres plantas y sótano para albergar una de las novedades técnicas del momento, que a su vez prometía dar grandes dividendos: un cinematógrafo de grandes dimensiones.

El teatro de los sueños. Hollywood en Sevilla.

Edificio Coliseo en Construcción. Año 1928
Edificio Coliseo en Construcción. Año 1928

Aurelio Gómez Millán, que entonces estaba recién licenciado y colaboraba en el estudio de Aníbal González, se encargó del diseño de las fachadas. Su hermano José, que ya tenía una amplia experiencia, se ocupó de la parte técnica.

El proyecto original de 1924 contemplaba la construcción del “Cine Reina Mercedes”, pero las obras se alargaron en el tiempo y con motivo de la crisis económica e industrial de 1929, hubo que reformar el proyecto para adaptarlo a teatro (ampliación del escenario, tramoya e instalaciones), transformándose en “Teatro Reina Victoria”.

Cambio de uso, cambio de reina y cambio de régimen. Acabó inaugurándose el 3 de diciembre de 1931, durante la República, como teatro “Coliseo de España” con un aforo para 2.100 espectadores, aunque inicialmente se previeron 2.755 para el cine.

Detalle de inscripciones conmemorativas
Detalle de inscripciones conmemorativas en las cubiertas de los Torreones del Edificio Coliseo.

En la construcción del Coliseo se cuidaron todos los detalles, especialmente los de seguridad, con instalaciones de protección contra incendios que podían conectarse al riego público o a los depósitos de agua situados en el sótano, así como los detalles de comodidad del público, para lo que el edificio contaba con una instalación para la renovación del aire y otra de calefacción por agua caliente.

El montante económico de las obras ascendió más de dos millones de pesetas, una suma considerable para la época.

La composición del edificio se resuelve mediante una planta rectangular exenta por todas sus caras excepto por una, que se corresponde con uno de sus lados cortos. La planta baja y la primera mantienen la alineación de la Avenida, elevando un contenedor, sobre el que se construyen los volúmenes que lo caracterizan.

La cornisa del edificio principal viene a coincidir con las alturas de las edificaciones de la vecina Casa de la Moneda, resolviendo con naturalidad la vuelta del edificio que, avanzando sobre la alineación de la calle Joaquín Hazañas, enfatiza su posición desde cualquier perspectiva.

Edificio coliseo
Edificio coliseo. Estado actual

Es el juego decorativo el que da unidad a sus fachadas a través de la reiteración de elementos. Se compensan líneas horizontales y verticales, torreones ascendentes y miradores, originalmente cierros acristalados, que marcan la horizontalidad.

De las tres fachadas del edificio, la que da a la calle Joaquín Hazañas se trató como trasera y las dos fachadas principales (Avenida de la Constitución y calle Adolfo Rodríguez Jurado) combinan el ladrillo visto, trabajado y tallado de forma monumental, con cerámica vidriada, hierro forjado, madera e incluso mármol.

El edificio está terminado con un detalle exquisito. Se utilizó el estilo regionalista con referencia al periodo barroco. Los hermanos Gómez Millán tomaron como referencia el Siglo de Oro, el periodo de mayor esplendor de la cultura en Sevilla.

En su composición predomina el uso del ladrillo tallado, en el que se labran las piezas de ladrillo de manera similar a como se labra la piedra, en piezas que unidas entre sí forman columnas, rosetones, bustos o capiteles. El ladrillo visto se trabaja en esta obra de una forma magistral.

Tanto las pilastras como los capiteles que éstas soportan, los elementos decorativos, las columnas de los balcones rematadas por capiteles con hojas de acanto, cornisas y tallas de personajes se llevan a cabo con la misma técnica y mimo con la que se había construido la Plaza de España.

Los alzados responden a un orden tripartito apilastrado y fueron diseñados mostrando al exterior la distribución interna del teatro, con líneas corridas de huecos que correspondían a los salones de descanso, el muro de la sala sin vano alguno y con grandes elementos decorativos que llaman poderosamente la atención. Los vanos bajos los torreones se corresponden con los huecos de las escaleras principales que se ubicaban en las esquinas.

De la decoración exterior destacan algunos elementos de gran calidad: los paños cerámicos concebidos a modo de grandes tapices, las marquesinas de las taquillas con sus tornapuntas de hierro forjado, los miradores, de 14 y 15 metros de longitud, respectivamente, con sus casetones de madera tallada, tornapuntas forjadas, pilares de ladrillo, etc.

Sobre la cornisa y el pretil destacan las columnas de mármol de los torreones, que cuentan con ricos artesonados de madera pintados a mano y remates de hierro, así como tejas vidriadas en sus esquinas.

Hay que detenerse en los paños cerámicos exteriores. Su diseño se encargó al mejor ceramista de la época, el valenciano Enrique Orce Mármol. Fueron realizados con gran calidad aquí en Sevilla, concretamente en la fábrica de la viuda de J. Tova Villalva, ubicada en el barrio de La Calzada.

Los paños principales reproducen los escudos de la ciudad de Sevilla, del Rey Alfonso XIII y de la Reina Mercedes, a quien estaba dedicado el cinema. En los paños laterales se alternan las iniciales R y M (Reina Mercedes) con I y M (Iledefonso Marañón).

paños
Paños cerámicos laterales.

El programa del teatro se desarrollaba en cuatro plantas, una de ellas de sótano. Sus accesos se realizaban por el centro de las dos fachadas principales, bajo dos balcones miradores que se abrían en éstas. Contaba con dos vestíbulos de acceso, uno inmediato a cada puerta, que en planta alta se convertían en salones de fumar.

A ambos lados del vestíbulo de la Avenida se localizaban, bajo las amplias terrazas, locales comerciales desarrollados en sótano, planta baja y entresuelo. La sala contaba con patio de butacas, primer anfiteatro con palcos y un segundo anfiteatro que sobre el salón de fumar se extendía hasta la fachada de la calle Adolfo Rodríguez Jurado.

“Don Ildefonso, vistas las fachadas, quiso que la joya fuese digna del estuche y Aurelio Gómez Millán se propuso conseguirlo a base de yeserías, mármoles de varios colores, maderas talladas, frescos, etc. Por el vestíbulo, decorado con yeserías, tableros de caoba y pavimentos de mármol rojo y blanco, se accedía a las escaleras de mármol de Buixcarró rosa y crema y antepecho de hierro forjado. El entresuelo, con zócalos de azulejos especiales de reflejo oro y techo con casetones de yeserías, daba paso al segundo tramo de escaleras, de mármol blanco”.

Para su decoración interior, se buscó al mejor equipo de artistas para que tallaran y vistieran sus muros.

Los entelados, los azulejos de Enrique Orce, la seguridad pictórica de Rafael Blas Rodríguez, el telón de damasco rojo diseñado por Ignacio Gómez Millán (hermano de los arquitectos autores del proyecto) y bordado en los talleres de Esperanza Elena Caro; más los esgrafiados, los dorados, la caoba, la forja (deliciosas marquesinas) de Doblas Gavira, la carpintería de Casana Gómez y Juan Antonio Cabrera, los frisos de barro cocido de Emilio García, el terciopelo y muchas cosas más, y toda la ornamentación que, de la mano del diseñador Manuel de la Cuesta y Ramos, iban encontrando acomodo en un espacio en el que convivían perfectamente el neobarroco con la estética del Art Decó.

detalle patio butacas
Detalle del patio de butacas y plateas del teatro.

De esta forma, paños de azulejos, apliques dorados, techos de madera tallada, escaleras de mármol y frescos inspirados en obras de la literatura española completaron el hermoso interior. Al mirador se accedía a través de cinco arcos de ladrillo tallado, adornado con vidrieras artísticas.

El techo del salón tenía decoradas sus vigas y fondos con yeserías; los pavimentos eran de mármol de Macael de color rojo y blanco. La sala tenía un zócalo de madera decorado con molduras decoradas de oro fino, en el centro de la sala había un rosetón de ocho metros de diámetro que recogía la gran araña de bronce y cristal, con ciento ochenta puntos de luz de seis metros de altura y cuatro de diámetro, su coste: 35.000 pesetas, toda una fortuna en la época.

Francisco Hohenleiter de Castro, uno de los pintores más cotizados de Sevilla en la época, pintó en el Salón de Honor (foyer) del primer piso tres murales de gran formato representando escenas teatrales inspiradas en tres temáticas: “Los Intereses Creados” de Jacinto Benavente; “Un Corral de Comedias del siglo XVII”, basada en los Anales de Sevilla de J. Matute; y por último “El Retablo de Maese Pedro”, basada en El Quijote.

Aún se recuerda el bar del teatro, ubicado en la esquina redondeada del edificio.

Un local distinguido, precioso, en una ubicación privilegiada, donde se podía parar y tomar un refrigerio con un toque de distinción. Con su escalera y entreplanta, sirve de inspiración para la recientemente abierta marisquería Mareantes, en la Puerta de Jerez.

antiguo bar coliseo
Antiguo bar Coliseo

Junto al cine/teatro, Ildefonso Marañón encargo a los hermanos Gómez Millán el proyecto para el edificio medianero, actual número 40 de la avenida, también en estilo regionalista, pero no se llegó a construir. Una lástima.

El que sí hicieron en la zona, por encargo de Marañón, fue el edificio de Almirante Lobo 14-16 esquina a Avenida de la Constitución, terminado también en 1931. En su lugar, se construyó el edificio de viviendas de alto standing, locales en planta baja y oficinas en la primera de estilo ecléctico que aún está en pié.

Como dato más reseñable, destacar que su medianera vista colindante con el Coliseo tiene el mismo tratamiento de ladrillo visto trabajado artísticamente de éste, aunque no forma parte del mismo inmueble por ser independientes. No obstante, el arquitecto siguió en el diseño de la fachada con las líneas y proporciones de las molduras del edificio medianero.

No ha sido posible localizar la identidad del arquitecto que diseñó el edificio. En el Catastro aparece como año de construcción 1930, pero es un error.

Consultadas fotografías aéreas de 1929, todavía aparece como un solar. Tampoco aparece en fotos de la Puerta Jerez de 1940, pero sí en las de 1944, en las que se aprecia aún en obras.

Tuvo que entregarse al año siguiente. Significar que en esta época (II Guerra Mundial) de autarquía en lo político y lo económico, los constructores españoles sufrían retrasos en las entregas de acero, de productos siderúrgicos elaborados, de cemento y sus derivados, de maderas, de plomo, zinc y estaño y de todo tipo de materiales y máquinas empleados en las instalaciones eléctricas.

Algunas veces, incluso, también faltaba ladrillo, lo que hacía que las obras de construcción fuesen a un ritmo muy lento.

Ildefonso Marañón falleció en 1948.

Avenida Queipo de Llano
Avenida Queipo de Llano en 1944

Volviendo al cine/teatro Coliseo de España, estuvo en funcionamiento casi 40 años dando funciones casi a diario.

Aún sigue en el imaginario colectivo de los sevillanos de mayor edad, que vieron sentados en sus lujosas butacas sus sueños plasmados en la gran pantalla.

Damas y galanes, cowboys e indios, soldados de uno u otro bando, romanos y griegos, misioneros españoles, ladrones de bicicletas, criminales y gentes de mal vivir, ejemplares padres de familia numerosa, niños y niñas cantantes, etc se alternaron con funciones de teatro de las compañías españolas que, en gira, pasaban por Sevilla representando sus obras.

Y cómo olvidar los recitales de los cantantes líricos, melódicos y folklóricos del momento, como Miguel Fleta, Arturo Rubinstein y otros muchos intérpretes de relevancia internacional. “Al este de Borneo” fue la primera proyección el 3 de diciembre de 1931.

detalle y telón
Detalle del Patio de Butacas y telón del teatro

La última función tuvo lugar la fría tarde del jueves 27 de febrero de 1969. Conchita Márquez Piquer, en su presentación en Sevilla, cantó 20 canciones en un festival a beneficio del sanatorio de San Juan de Dios, que estaba en obras.

Tras “Ojos Verdes","Cinco Farolas" y "Dime que me quieres" fueron las últimas palmas que se escucharon en el Coliseo. Como un acto premonitorio, al día siguiente ocurrió el recordado terremoto.

Fue cuando el maestro Curro Romero, por entonces marido de Cochita, que no le agradaba que su mujer también se dedicase al espectáculo, salió a las cuatro menos cuarto de la madrugada en estampida y en pijamas por la puerta principal del Hotel Colón.

Los herederos de Ildefonso Marañón se deshicieron de sus propiedades en la Casa de la Moneda.

La Fundición Real y la nave de las Herrerías Reales la donaron a la ciudad de Sevilla. El resto fue vendido a particulares.

La compañía de seguros Previsión Española, de la cual eran grandes accionistas, adquirió el Teatro Coliseo España, que lo conservó hasta su clausura.

La gestión del cine-teatro no les era rentable.

La aseguradora también se hizo con la propiedad de las naves de la fundición que daban fachada al Paseo Colón y Almirante Lobo. Levantaron allí otra joya: el edificio Previsión Española de Rafael Moneo.

solar en obras
Años 70. Solar que ocupa actualmente el edificio Helvetia – Previsión Española con el Coliseo en obras al fondo.

El Banco de Vizcaya compró el Teatro Coliseo para demolerlo y levantar en su solar la sede de su Dirección Regional. La idea era levantar una torre moderna de cristal, al estilo de los prismas que imperaban en la época.

Esa misma semana del cierre, se abría El Corte Inglés de Plaza del Duque, levantado sobre el solar del desaparecido Palacio Sánchez-Dalp, una de las obras cumbres del estilo regionalista.

Una corriente de opinión contraria al derribo recorrió la ciudad. ABC de Sevilla se hizo eco del clamor. El 29 de marzo publicó una columna en la que el prestigioso arquitecto catalán Juan Bassegoda Nonell se manifestaba en contra del derribo:

“Bueno es que las ciudades crezcan, pero entiendo que no es crecer edificar previo derribo de una noble y hermosa construcción. Si en algo puede influir mi modesto pero firme voto, vaya éste por delante con mi oposición más cerrada a tan absurdo proyecto de derribo.”

 

En noviembre el médico Juan Fernández Rodríguez García del Busto sustituye a Félix Moreno de la Cova como alcalde de Sevilla. Juan Fernández, probablemente, ha sido el mejor alcalde que ha tenido Sevilla desde los tiempos de Pablo Olavide.

Hizo suyo el movimiento popular en defensa de la conservación del Coliseo e intentó parar el desastre. En unas declaraciones públicas dijo que, mientras él fuese alcalde, el Coliseo no se demolía.

Coincidió con que Florentino Pérez Embid, catedrático de la Universidad de Sevilla y también comprometido con la ciudad, ocupaba el puesto de Director General de Bellas Artes en el Ministerio de Educación y Ciencia.

Entre ambos, pese a las fuertes presiones de la dirección del Banco y de otros estamentos del Estado, consiguieron que se publicara en el BOE de 2 de abril de 1971 la “Orden por la que se declara monumento histórico-artístico de interés local el edificio llamado Coliseo España, en la ciudad de Sevilla”.

El edificio pasa a estar bajo la protección del Estado encomendándose al Ayuntamiento la vigilancia, cuidado y conservación del mismo.

“Resultando que la Real Academia de la Historia, de la que también se recabó el oportuno dictamen, abunda en las mismas razones que acabamos de exponer y añade que el edificio reúne notables valores arquitectónicos; sobre todo por la adecuada conjunción de su arquitectura con el ambiente tradicional de la ciudad, además de estar emplazado en uno de los lugares más notables y monumentales del viejo casco urbano en una de las arterias más importantes de la ciudad, a la que vienen a dar las fachadas principales de la catedral y del Archivo de Indias que se encuentran situados a corta distancia del edificio de referencia. Dice también la Academia, que el edificio está construido con gran esmero y elegancia, interviniendo los elementos arquitectónicos más tradicionales de la ciudad del Betis y que todos sus motivos ornamentales son de excelente diseño y de una ejecución artesanal que sería difícil de repetir hoy en día.Resultando que en trámite de audiencia, la propiedad actual del inmueble se opone a la declaración pretendida por estimar que se trata de un edificio moderno, de autor contemporáneo, y que además no reúne valores artísticos, históricos o arquitectónicos que le hagan merecedor de su inclusión en el catálogo monumental de España.”

 

Ante la declaración como monumento, el Banco de Vizcaya renunció a la demolición completa del edificio. Sin embargo, la entidad bancaria encargó en 1972 a la prestigiosa firma de arquitectos OTAISA la redacción de un proyecto de demolición integral del interior del edificio y construcción de una sucursal en planta baja y oficinas bancarias en las superiores.

Luis Fernando Gómez Stern y José Chapa, que acababan de estrenar las brillantes oficinas para Sevillana de Electricidad en La Borbolla, comenzaron a trabajar en el proyecto con los mismos criterios compositivos. Módulo base y oficina paisaje.

Era necesario abrir un patio de luces en el interior al haberse impuesto la conservación de las fachadas. Este imperativo desluce considerablemente el proyecto, que no llega a tener la misma calidad compositiva que el ejemplo anterior.

Por desgracia, se alinearon los astros. Igual que se demolió el compás de Santa María de Jesús, pese a estar declarado monumento, se demolió el interior del Coliseo.

La excusa perfecta llegó con las obras del túnel del metro que unía Puerta de Jerez con Plaza Nueva, que empezaron en 1975. Ante una eventual pérdida de sustentación del edificio, era preciso reforzar la cimentación con micropilotes.

El alcalde Juan Fernández había dimitido en mayo de 1975. Francisco Franco falleció en noviembre.

La sociedad civil estaba centrada en los cambios políticos que se sucedían vertiginosamente. No hubo fuerza para parar a la piqueta. A pesar de la cautela monumental, el alcalde de Sevilla, Fernando Parias Merry, concedió licencia de obras. El Ayuntamiento estaba corto de fondos. El derribo comenzó en diciembre de 1976.

El profesor de la facultad de Bellas Artes, Francisco Arquillo, por iniciativa propia y junto a un grupo de estudiantes de Restauración, logró salvar los tres murales de Hohenleiter, que se encuentran en la actualidad en un sótano de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Los restauradores llegaron in extremis, puesto que las pinturas ya estaban al aire al haber demolido la cubierta.

También sobrevivieron parte de los azulejos de Enrique Orce, donados por el Banco Vizcaya a la Universidad de Sevilla, que se guardan en la actualidad en un sótano de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática de Reina Mercedes.

En ambos casos, las piezas permanecen almacenadas, olvidadas y sin restaurar por falta de financiación.

En el último informe de la Universidad se manifestó que faltaban más de un tercio de los azulejos que se habían almacenado, víctima de expolio.

La gran lámpara ornamental fue a parar a unos almacenes municipales, donde estuvo un largo periodo de tiempo. Hubo que adaptarla reduciendo considerablemente su dimensión, pues no cabía, para colgarla en su ubicación actual en el Teatro Lope de Vega donde luce desde 1992.

El edificio reformado, ya con uso bancario, se inauguró en 1979.

En la totalidad de la planta baja se desarrollaba el programa de una oficina bancaria de atención al público, con su patio de operaciones, caja y despachos de director, subdirector, interventor, gestores, etc.

Eran generosos los espacios dedicados a los aseos de ambos géneros.

Se abrió una entrada de vehículos en la calle Joaquín Hazañas para facilitar el acceso de los furgones de dinero a la caja fuerte construida en hormigón armado con elevador interior. Plazas de aparcamiento para directivos, cuartos de instalaciones, archivos y el local de las cajas de depósitos completaban la distribución del sótano.

En primera y segunda planta, alrededor de un patio de luces ochavado y cerrado con una montera, que se va cerrando conforme se asciende, se distribuían los espacios reservados para la Dirección Regional  del banco, con los despachos de Dirección dando directamente a la fachada de la avenida.

La tercera planta, al no tener ventanas abiertas al exterior, quedaba sin uso laboral, por así decirlo.

Se ubicaron aquí los archivos. Curiosamente, se utilizó al acceso al edificio por el número 38 de la avenida para dar servicio exclusivo, con escaleras y ascensor a la cuarta planta, que estaba destinada a dividirla en locales de alquiler, aunque Banco de Vizcaya nunca lo hizo. La quinta planta era una zona técnica bajo cubierta que albergaba instalaciones.

plano
Plano de construcción de planta baja para la oficina bancaria.

Lo más significativo del proyecto, aparte del refuerzo de toda la cimentación, era la estructura.

La ingeniería Calconsa utilizó por vez primera el cálculo por ordenador para un edificio en Sevilla.

La estructura metálica estabiliza los muros de fachada que se conservaron. Grandes cerchas atraviesan la cubierta de extremo a extremo, quedando la estructura de las plantas inferiores suspendidas por tirantes. El edificio carece de pilares en planta baja, quedando exenta, como se puede apreciar en la planimetría.

Pocas modificaciones sufrió el edificio durante su etapa bancaria, más allá de su adecuación a la imagen corporativa de la institución tras el proceso de fusiones en los año 90 con el Banco de Bilbao, en un primer momento, y con la Caja Postal después.

Esta concentración de entidades hizo que desapareciese la Dirección Regional, que quedó en Plaza Nueva, por lo que el edificio estaba desaprovechado.

No obstante, en 1998 se reformó la distribución de la planta baja y del sótano de la oficina bancaria, adaptando sus instalaciones a los nuevos requerimientos informáticos y sustituyendo el obsoleto sistema de climatización. En el año 2002 se llegó a un acuerdo con la Junta de Andalucía para su venta.

La Junta de Andalucía compró el edificio por 18 millones de euros con la condición de su adaptación al programa funcional necesario para albergar sus oficinas tributarias en Sevilla, que entonces atendían en la calle Albareda.

Se encargó el proyecto al estudio del arquitecto Pedro Baturone, que reformó todo el edificio resultando en su estado actual. Se aprovechó para restaurar sus fachadas y las balconadas de madera.

Al tomar posesión del mismo, en el año 2006, la Administración autonómica comprobó que la estructura estaba aislada al fuego con proyección de amianto, que ya estaba prohibida, por lo que hubo que deshacer el acuerdo de compraventa.

El Banco se comprometió a desamiantar el edificio a cambio de la propiedad de un local comercial en planta baja y parte de la primera donde seguía teniendo una sucursal.

Se lo entregó a la Junta en 2009. Como resultado, el edificio se dividió horizontalmente, el banco terminó clausurando la sucursal diez años más tarde y ahora lo ocupa un negocio de venta al público en régimen de alquiler que pone una vaca con ruedas en la puerta.

Desgraciadamente, se perdió el precioso interior del Teatro Coliseo, por la desidia, falta de interés y la corrupción de los herederos de sus creadores.

Es necesario poner de manifiesto que en Sevilla la protección legal de un bien como monumento no garantiza que éste no sea objeto de la piqueta.

Parcialmente en este caso.

Sucedió con el compás de acceso al Colegio de Santa María de Jesús en 1910 y con el interior del Teatro Coliseo en 1975.

Procuremos que no vuelva a suceder.

Sirvan estas líneas, amigo lector, para que cuando pasees por la Avenida seas consciente y disfrutes de la historia centenaria y del valor patrimonial de sus edificios.

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