Un Paseo por la Avenida de la Constitución. Sus Orígenes

Si preguntásemos a cualquier sevillano por la Avenida de la Constitución, seguramente nos diría que es una de las calles principales de Sevilla. Muchos responderán que es la principal. Hay motivos para ello.

El proceso de peatonalización llevado a cabo entre los años 2006 y 2007 ayuda a poder observar con detenimiento tanto la arquitectura como la morfología urbana de lo que los sevillanos conocemos como La Avenida.

Sin embargo, pocos saben que esta vía no tiene más de 100 años.

Vista aérea de la Avenida de la Constitución

Origen

Nuestros abuelos pudieron ver cómo se construía. El ojo del observador bien entrenado, con un poco de perspicacia, puede observar ciertos detalles que delatan que esta calle, efectivamente, no siempre fue así.

La fabulosa fachada occidental de la Catedral se lleva la atención del viandante, pero entre edificios modernistas y regionalistas, llama la atención, a simple vista, el hecho de que la fachada del Archivo de Indias esté girada respecto a la alineación de la calle, cuando no se aprecian motivos para ello.

Otro elemento que nos da pistas es el retranqueo de la capillita de estilo gótico-mudéjar que remata la esquina con la Puerta de Jerez, adosada por su lateral a la sede del Consejo de Cofradías, así como el desnivel de las escaleras de bajada en su compás de acceso.

Tampoco cuadra el tratamiento de las edificaciones que rodean al arquillo de la calle Miguel de Mañara, con algunas medianeras a la vista.

Le dan cierto encanto a la calle, pero se advierte que se ha perdido el tratamiento unitario con el que está concebida. La razón es la siguiente:

La actual avenida de la Constitución reúne en una sola vía, el resultado final de varias transformaciones que se llevaron a cabo con motivo de las reformas efectuadas en la ciudad para la Exposición Iberoamericana de 1929.

Con anterioridad existían la calle Génova, que comenzaba en el edificio del Ayuntamiento, la de Gradas, delante de la Catedral, la de la Lonja, delante del actual Archivo de Indias.

Desde este punto no existía una avenida y sí una serie de edificaciones que hacían imposible el acceso directo hasta la actual Puerta de Jerez.

En primer lugar, nos encontrábamos con la manzana de edificaciones del Colegio de Santo Tomás, que había que rodear hasta llegar a la plaza del mismo nombre, para luego hacer lo mismo con el edificio del antiguo seminario de Santa María de Jesús, bien por la derecha por la calle Maese Rodrigo rodeando la Casa de la Moneda, bien por la izquierda, a través de la calle Santo Tomás hacia la Plaza de la Contratación y la calle San Gregorio.

Ambos pasos hacia la Puerta de Jerez eran angostos y sinuosos. Los carros llegaban a tardar unas dos horas en atravesarlos. Eran frecuentes los atropellos de peatones.

El problema se incrementó cuando se implantó el paso de los tranvías por ambas calles. El Ayuntamiento fue comprando algunas casas para tratar de alinear y dar más anchura a las calles, pero era insuficiente.

plano militar
Plano militar de la zona del siglo XIX

Las ciudades europeas del siglo XIX sufrieron los problemas generados por el capitalismo industrial, en expansión en aquella época. Y Sevilla no fue una excepción.

La demolición de las murallas en 1868 propició el crecimiento de la periferia. Aún así, el casco histórico, donde se concentraba la mayor parte de la vivienda, estaba sometido a grandes presiones sociales, económicas, políticas y simbólicas.

La Sevilla “intramuros”, en general, se densificó y sus usos tradicionales fueron, poco a poco, siendo sustituidos.

En su interior aparecieron industrias y talleres. Antiguas casas-palacio se convirtieron en patios de vecinos donde albergar a una población en crecimiento. Grandes conventos desamortizados fueron demolidos para convertirse en plazas o mercados.

Sin embargo, las condiciones económicas, higiénicas y sanitarias de la ciudad histórica no eran compatibles con la nueva sociedad capitalista emergente.

Se sufrían continuas epidemias, asociadas a los altos niveles de miseria y mortalidad. No existían redes de agua corriente, saneamiento, alumbrado urbano, pavimentación de calles.

No existía la electricidad.

El estrecho y tortuoso trazado de las calles de Sevilla provocaba grandes atascos en el tráfico de carros, como ya se ha comentado. El comercio se resentía. Era preciso que el poder económico y político interviniese.

Este fenómeno no sólo pasó en Sevilla.

Desde primeros del siglo XIX, en otras ciudades de Europa se había intervenido demoliendo barrios degradados, para dar paso a los nuevos flujos de mercancías y personas e implantar nuevos regímenes de acumulación inmobiliaria y representación espacial.

El capitalismo pedía paso. Regent’s Street y Kingsway en Londres, los bulevares del barón Haussmann en París, los “saneamientos” del trazado medieval en Hamburgo, Frankfurt, Viena.

Con un poco de retraso respecto a Europa, en España también se abrieron las grandes vías y nuevas calles que “modernizaron” nuestras viejas ciudades.

La Gran Vía en Madrid o la Vía Laietana en Barcelona son dos buenos ejemplos.

Regenerar la ciudad en esta época consistió en destruirla físicamente.

La piqueta actuó con celeridad.

Se demolieron barrios tradicionales enteros.

Se buscaba recomponer la ciudad social y económicamente en beneficio de la vivienda burguesa y de las actividades terciarias.

Con estas transformaciones desapareció el espacio vivido, el mundo tradicional hasta ese momento asociado a la ciudad histórica.

Se buscaba entrar en eso que se dio en llamar “La Modernidad”.

demoliciones de paris
Demoliciones en Paris

La llegada de los Duques de Montpensier

Antonio de Montpensier, duque de Orleans, pretendiente al trono de Francia y de España por matrimonio, llegó a Sevilla en 1848.

Lo habían expulsado de Francia y Bélgica y tenía prohibido residir en Gran Bretaña.

La reina Isabel II de España no lo quería cerca de la corte de Madrid, pues podía discutirle el trono, aunque no tenía donde caerse muerto.

Sus propiedades francesas habían sido confiscadas por los revolucionarios y, llegados a Madrid, solicitaron el pago de lo que restaba de la herencia de Fernando VII, que eran cerca de 57 millones de reales, y también pidieron el pago de los tres millones de reales anuales que el Estado había fijado para su esposa, la infanta María Luisa Fernanda de Borbón.

Era la hermana menor de la reina. Con cargo a este dinero que se le debía, compró al Estado el Palacio de San Telmo y unas 30 hectáreas de terreno alrededor de éste.

Se estableció en Sevilla.

El duque de Orleans fue muy activo políticamente en la segunda mitad del siglo XIX.

Conspiró a favor y en contra de los reyes y presidentes de los sucesivos gobiernos desde el Palacio de San Telmo, donde instauró lo que se conoció como “corte chica”.

Falleció siendo aspirante al trono de España.

Casó a su hija María de las Mercedes con su sobrino, el rey Alfonso XII. Por desgracia, la chica falleció muy joven.

Además, fue muy activo económica y socialmente en Sevilla, donde se integró completamente desde el primer día. Además de participar en todas las manifestaciones sociales de la ciudad, emprendió múltiples negocios, tanto agrícolas como industriales y comerciales, para los que trajo especialistas de Francia.

Floreció su patrimonio.

Retrato de los duques de Montpensier
Retrato de los duques de Montpensier

De una forma u otra, Antonio de Orleans intervino en la práctica totalidad de las decisiones políticas que se tomaron en la ciudad, excepto durante su exilio en el periodo republicano.

El duque falleció en 1890. Su esposa 7 años después.

Siendo viuda, María Luisa Fernanda cedió gran parte de los jardines de San Telmo a la ciudad de Sevilla.

A su fallecimiento, legó a la archidiócesis el Palacio de San Telmo para que estableciese en este edificio el Seminario Metropolitano.

El traslado del Seminario Mayor, que se ubicaba en el Colegio de Santa María de Jesús, se efectuó en 1901, siendo arzobispo el Cardenal Spínola.

El plan urbanístico de apertura de la nueva avenida fue redactado en 1895 por el arquitecto municipal José Sáez.

Se proyectaba la apertura de la avenida como la vía

que arrancando de la puerta de Jerez, debe atravesar el Seminario, exigiendo por consiguiente expropiaciones en el citado establecimiento y en la Plaza de Santo Tomás, para llegar a la calle de la Lonja, ensanche de esta última para que su comunicación sea fácil con la del Gran Capitán, permaneciendo ésta con el ancho que tiene, vendría el ensanche de calle Génova, que no responde ni con mucho a las necesidades actuales, y de esta manera llegábamos con mucha facilidad a las plazas de San Francisco y de San Fernando”.

El traslado del Seminario ofrecía la oportunidad para comenzar con las actuaciones.

Sin embargo, el Ayuntamiento no compró el edificio ofrecido por el Cardenal Spínola.

Fue el financiero sevillano de origen suizo-catalán José Bautista Calvi Rives de Latour el que llegó a un acuerdo con el Arzobispado por la cantidad de 252.500 pesetas, pagaderas en cuatro años.

Las obras de demolición no comenzaron hasta varios años después.

En primer lugar, el mismo año del traslado se produjo la declaración de Monumento Nacional de la capilla, lo que suponía un impedimento para la realización del proyecto de ensanche.

En un primer momento, el Arzobispado se planteó la posibilidad de desmontar íntegramente la capilla y trasladarla a San Telmo. La declaración del vestíbulo, capilla y sacristía como Monumento Nacional impidió esta posibilidad.

Mientras tanto, para agilizar el proyecto urbanístico, la propiedad utilizó la vieja técnica inmobiliaria de degradar el barrio.

Dividió el antiguo seminario en habitaciones de alquiler a precios económicos para convertirlo en una casa de vecinos.

El edificio se deterioró rápidamente; el nuevo vecindario no concordaba con el nivel económico y social que tendría la nueva Avenida.

Así se justificaba plenamente su demolición. Nadie en Sevilla lo echó de menos.

Cinco años se tardó en que el Ayuntamiento preparara el proyecto definitivo del ensanche, que contemplaba la demolición completa de la torre de Abdel-Azziz, el arco de entrada a la calle Miguel de Mañara y la capilla del ex-seminario.

Al pasar a aprobación por el pleno del Ayuntamiento, un concejal conservacionista consiguió que se modificase la alineación de la avenida para conservar estos elementos. Gracias al empeño del concejal Camacho Álvarez de Perea en 1906 se ha conservado este patrimonio.

Avenida de la Constitución
La Avenida de la Constitución en la actualidad

Tres años después, se concedió la licencia de demolición del edificio y se fijaron las alineaciones definitivas de la nueva avenida.

El acta fue firmada por el arquitecto contratado por la propiedad José Espiau.

La demolición se llevó a cabo en febrero de 1910, aunque el pavimentado de la calle llevaría tres años.

Este tramo de la Avenida entró en servicio, ya con sus servicios por las compañías suministradoras de alumbrado, agua, saneamiento y gas.

Durante todo este proceso, se perdió el vestíbulo de la capilla de Santa María de Jesús.

El Ministerio de Instrucción Pública, competente en materia de monumentos resolvió: desmontar la techumbre y portada del vestíbulo para su traslado a mejor ubicación.

En compensación, la propiedad debía mejorar y embellecer la capilla en lo que afecta a su seguridad.

El artesonado se trasladó al Patio de los Naranjos de la Catedral.

La parte baja de la fachada, realizada en piedra se trasladó desmontada a un almacén municipal.

Años después se instaló en el compás del Convento de Santa Clara, sirviendo de acceso al jardín en el que se ubica la Torre de don Fadrique, donde aún sigue.

Portada del Colegio de Santa María de Jesús reconstruida en el compás del Convento de Santa Clara
Portada del Colegio de Santa María de Jesús reconstruida en el compás del Convento de Santa Clara

Con la calle ya construida, el promotor Juan Bautista Calvi tuvo la posibilidad de construir dos grandes edificios, uno a cada lado de la Avenida.

Empezó por el solar que ahora ocupa el edificio de Seguros Santa Lucía, en la acera de levante. El arquitecto José Espiau Muñoz fue el autor del edificio de viviendas que se finalmente se construyó.

En la acera de enfrente se encontró con más problemas. Juan Bautista Calvi tuvo un pleito con otro financiero y gran propietario sevillano, Ildefonso Marañón Lavín, que era propietario único de todo el complejo de la Casa de la Moneda.

Hasta 1915 no se llegó a un acuerdo a tres bandas entre Calvi, Marañón y el Ayuntamiento, formalizado en el plan de ensanche para Santo Tomás, Carbón, Maese Rodrigo y calle nueva a través del ex-Seminario.

Calvi tuvo que renunciar a construir el edificio que había proyectado Espiau a juego con el de enfrente para esta parcela.

Si se hubiese construido este edificio, la Avenida habría tenido en este tramo dos edificios de estilo art nouveau enfrentados a juego, con ventanas y decoraciones prácticamente idénticas, salvo la singularidad que aportaban las torres proyectadas en los extremos para el edificio que no se llegó a hacer.

Planos de Espiau para edificios en ambas aceras de la Avenida
Plano de Espiau para edificio en la acera de la Avenida

El Colegio-Universidad Santa María de Jesús fue la sede primera de la Universidad de Sevilla.

De su documentación gráfica sólo se dispone de una litografía y un par de fotografías de su fachada, una de ellas con motivo de la riada de 1902.

Se desconoce cómo era el interior, más allá de las descripciones literarias de los documentos oficiales.

Se sabe que ocupaba 4.030 m², de los cuales 2.700 estaban al sur del tramo de muralla que se puede observar hoy en día en la calle San Gregorio y que pertenecían al Colegio.

Su fundador, el Maese Rodrigo, había sido becario durante ocho años en el Colegio San Clemente de los españoles en Bolonia, donde había destacado por su talento.

Tras varios destinos eclesiásticos, fue destinado a Sevilla, donde formó parte de una comisión en 1498 para establecer unos Estudios Generales (Universidad) de los que la ciudad carecía.

Consiguió los fondos, rentas, solares y permisos reales y papales para establecer en Sevilla un Colegio para estudiantes eclesiásticos pobres.

Las obras comenzaron entre 1503 y 1505 tomando como modelo el Colegio de San Clemente de los españoles de Bolonia.

En 1508, Maese Rodrigo consigue las bulas papales para que se estableciese en este centro, aparte del Colegio Mayor unos Estudios Generales, por lo que se adquirió un solar contiguo y se edificó otro claustro con aulas.

De esta forma, se conformó un único edificio con dos claustros porticados en doble altura y capilla. Se inauguró en 1518.

Alejo Fernández, hacia 1520 pinta el retablo de Santa María de Jesús.

En él representa al Maese Rodrigo Fernández de Santaella ofreciendo a la Virgen una maqueta idealizada del Colegio-Universidad en la que se puede apreciar perfectamente el claustro de doble altura al estilo del Colegio de España en Bolonia, aunque difiere en la ubicación de la capilla.

Con el tiempo, al Colegio-Universidad se le fueron añadiendo inmuebles colindantes para ampliarlo y dotarlo de un jardín para esparcimiento de los estudiantes.

A mediados del siglo XVIII se construye una nueva biblioteca, que se corresponde con el cuerpo de la izquierda de la fachada principal que se puede ver en las fotografías. En su época de mayor esplendor llegó a albergar a 477 estudiantes, 15 de ellos internos.

Planos de Espiau para edificios en ambas aceras de la Avenida
Planos de Espiau para edificios en ambas aceras de la Avenida

En tiempos del Asistente Olavide el gobierno borbónico decide segregar el Colegio Mayor de los Estudios Generales, trasladando esta última institución a la Casa Profesa de la recién extinguida Compañía de Jesús en la calle Laraña, que estaba desocupada por la expulsión de los jesuítas.

El traslado se efectuó en 1771. El Colegio Mayor eclesiástico siguió existiendo hasta 1836, en que es desamortizado.

Colegio de Santa María de Jesús durante las inundaciones de 1901
Colegio de Santa María de Jesús durante las inundaciones de 1901

Se le dio uso como cuartel de la Milicia Local hasta 1847.

“Estos (los colegiales) ocupaban el edificio, el cual á la parte de Poniente de su principal fachada de balcones, tenia la capilla, que aun está en uso, no pequeña. Se entra en el zaguan ó portal, y á la derecha está situada, siendo su puerta una fuerte reja de hierro. Es de una nave del estilo gótico, toda de ladrillos cerrada de fuerte bóveda, en un tercio tiene un arco que divide y forma la capilla mayor, y á los pies tiene tribuna ó coro alto donde en su creacion se rezaba todos los días el oficio divino por los capellanes obligados á esto, y los colegiales que casi siempre asistían. Se cumplían tambien varias memorias y aniversarios. Su único altar es antiquísimo, acaso mas antiguo que el colegio. […] Al colegio se entra por el mismo portal que á la capilla, y lo primero que se encuentra es el patio principal grande y claustrado, con columnas de mármol y arcos bajos y altos, estos cerrados y con balcones al claro del patio, en medio del cual hay una fuente, y en los corredores habitaciones y cuadras de las clases de estudios de la Universidad. Por uno de los ángulos de la izquierda se pasa á otro patio menor donde se halla la escalera principal muy mala é incomoda. Y por otros tránsitos se comunican las habitaciones comunes, como cocinas, lavaderos, etc. y tambien se pasa al hermoso jardin que tiene comunicacion de arcos sobre columnas cerrados con fuertes berjas, a un corredor ó pasadizo largo que va á parar á otra puerta de calle del colegio. En el mismo portal, frente de la puerta de la capilla, hay otra que dá entrada á las antiguas clases de estudios de la Universidad. Lo alto mas estenso que lo bajo por pisar sobre los tránsitos de este, es todo habitaciones muy cómodas y amplias para los Colegiales, aunque todo el colegio es muy viejo y descuidado, y se conoce que no se labró de una vez, sino por épocas. La sala Rectoral es magnifica, y bien decorada. [...] La librería era otra de las piezas magnificas de esta casa, por su extension, y su arreglo, y el gran número de volúmenes y obras que conservaba. [...] En el día este edificio está destinado para cuartel de la Milicia local”

El cardenal Romo consiguió de la reina Isabel II su cesión para destinarlo a Seminario Conciliar, realizándole una rehabilitación completa.

El edificio fue ampliado en 1863 y en 1881 añadiéndole más casas adyacentes.

Sin embargo, el intensivo uso, las riadas y la falta de mantenimiento incidieron negativamente en el edificio.

A finales del siglo XIX, José Gestoso en su obra “Sevilla monumental y artística” despacha la parte civil del conjunto con este comentario: “no ofrece nada interesante, artística o arqueológicamente considerado”.

El Colegio de Santa María de Jesús ya estaba herido de muerte.

Se vislumbraba el traslado a San Telmo.

La Avenida de la Constitución se abría paso.

Siguiente paso: el Colegio de Santo Tomás.

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