Hermandad de Los Negritos de Sevilla

Pontificia y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Fundación y Nuestra Señora de los Ángeles

La Hermandad de los Negritos es una de las instituciones más antiguas y carismáticas de la Semana Santa de Sevilla. Con más de seis siglos de historia, esta cofradía del Jueves Santo procesiona desde su propia capilla en la calle Recaredo, destacando por su profunda identidad y un patrimonio artístico único en la ciudad.

Ficha

Día de salidaJueves Santo
Sede CanónicaCapilla de Nuestra Señora de los Ángeles
Año de Fundación1393 (aprox.)
Número de Nazarenos700 (aprox.)
Tiempo de paso35 a 45 minutos
TúnicaBlancas de cola con escapularios y cíngulos azules

Horario e Itinerario

HORA CGRECORRIDO / PUNTOS CLAVEHORA PALIO
15:00Salida (Capilla)-
15:30San Esteban-
16:00ÁguilasSalida (15:50)
16:30Pl. Pescadería / Pl. PilatosPl. Pilatos
17:00Jovellanos - Tetuán / Pl. PescaderíaPl. Pescadería
17:30Campana (17:40)Jovellanos
18:00Plaza (18:20)Campana (18:18)
18:30P. San Miguel (18:46)Plaza (18:58)
19:00P. Palos (19:05)P. San Miguel (19:22)
19:30Argote de MolinaP. Palos (19:43)
20:00Pl. Pan / Argote de MolinaArgote de Molina
20:30Águilas / FrancosFrancos
21:00San Esteban / AlcaiceríaAlcaicería
21:30Muro de los Navarros / ÁguilasÁguilas
22:00Entrada (Cruz de Guía) / San EstebanSan Esteban
22:30-Puerta Carmona
23:00-Guadalupe
23:30-Entrada (23:20)

Paso de Cristo/Misterio:

Representa a Cristo muerto en la cruz. La imagen del Santísimo Cristo de la Fundación es una obra magistral de Andrés de Ocampo, realizada en 1622. Destaca por su realismo anatómico y la reciente restauración de Pedro Manzano.

Paso de Palio:

La talla de Nuestra Señora de los Ángeles es de autoría desconocida, fechable entre los siglos XVII y XVIII. Su palio es inconfundible por su estilo de inspiración oriental y bizantina, diseñado por Juan Miguel Sánchez.

Música

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La apasionante historia de la Hermandad de Los Negritos de Sevilla

Las empedradas calles de la Sevilla del siglo XIV no eran un lugar amable para los forasteros. Mucho menos para quienes llegaban encadenados desde el África subsahariana, arrancados de sus hogares para ser vendidos como simple mercancía en los mercados locales.

En aquel bullicioso puerto comercial, el lamento de la población esclava se ahogaba entre el ruido de los mercaderes y las riquezas que empezaban a fluir hacia la corona.

Sin embargo, contra todo pronóstico, este grupo marginado y desprovisto de derechos logró gestar una de las instituciones más antiguas e influyentes de España.

¿Cómo pudo una minoría oprimida sobrevivir a los siglos y terminar desfilando con honores en la Semana Santa? La respuesta encierra un relato de resistencia, fe y dignidad humana.

El nacimiento de un refugio en 1393

En medio de una sociedad rígidamente jerárquica, un hombre decidió cambiar el destino de esta comunidad. Se trataba del arzobispo Gonzalo de Mena y Roelas, quien en 1393 dio el paso definitivo para dignificar a la población negra.

Consciente de la extrema vulnerabilidad en la que vivían tanto los esclavos como los libertos, el prelado fundó un hospital y una hermandad para acogerlos.

Aquel recinto se convirtió en un oasis donde podían recibir asistencia médica, celebrar sus cultos y, sobre todo, enterrar a sus muertos con la dignidad que la ciudad les negaba.

El proyecto cobró aún más fuerza cuando, en 1550, mediante una escritura pública ante el escribano Luis de Medina, la corporación adquirió los solares donde hoy se asienta su histórica sede: la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, ubicada en la calle Recaredo.

Poco después, el 16 de julio de 1554, el provisor del arzobispado, Hernando Arcantín de Valle, aprobó oficialmente sus reglas.

Resistiendo a la presión: Conflictos y victorias

La existencia de una cofradía gobernada exclusivamente por personas negras no fue fácil de asimilar para las élites blancas de Sevilla.

Durante sus primeros siglos, la corporación sufrió constantes intentos de disolución y encarnizados conflictos con otras agrupaciones, como la poderosa hermandad de La Antigua.

Las autoridades recelaban de un espacio donde las minorías se organizaban para defenderse, brindar asistencia mutua e incluso comprar la libertad de otros hermanos aún esclavizados.

A pesar de los ataques, la cofradía logró un espaldarazo histórico cuando el Papa Urbano VIII emitió una bula pontificia en 1625 restituyendo y respaldando sus reglas.

Este documento fue fundamental para protegerlos y cimentar el título de "Pontificia" que aún hoy ostentan con orgullo.

📜 Curiosidad: El sacrificio de Salvador de la Cruz Entre los muros de su actual capilla existe una placa conmemorativa que hiela la sangre. Está dedicada al hermano Salvador de la Cruz, un hombre de raza negra que fue nombrado hermano mayor honorario perpetuo. Su hazaña escapa a la lógica de nuestro tiempo: este hombre llegó a vender su propia libertad, volviendo a someterse a la esclavitud, únicamente para recaudar los fondos necesarios y así poder costear los cultos de la Inmaculada Concepción. Un acto de devoción extrema casi olvidado por la historia.

Joyas del patrimonio: El Cristo de la Fundación y la Virgen de los Ángeles

El corazón espiritual de la hermandad late a través de sus dos impresionantes titulares, obras cumbres de la imaginería andaluza.

El Cristo de la Fundación es un imponente crucificado de estilo renacentista tallado por el maestro Andrés de Ocampo en el año 1622.

Su rostro, marcado por una profunda serenidad, evoca los dolorosos orígenes de la corporación. Como anécdota, durante una restauración en 1940 a cargo de Sánchez Cid, se descubrió un pergamino oculto en el interior de la talla que confirmaba la autoría de Ocampo.

Por su parte, Nuestra Señora de los Ángeles es una dolorosa de autor anónimo fechada en el siglo XVII.

Esta imagen ha experimentado importantes intervenciones a lo largo del tiempo, destacando la realizada por Juan Miguel Sánchez en 1955 y la remodelación de Antonio Dubé de Luque en 1984, quien le otorgó la expresividad de sus labios entreabiertos.

El exotismo del Jueves Santo y el palio orientalizante

Si hay algo que cautiva a quienes presencian la procesión cada Jueves Santo, es la arrolladora personalidad estética de su cortejo.

A diferencia del clasicismo sevillano, el paso de palio de la Virgen rompe los moldes con un inconfundible estilo orientalizante y modernista, ideado por el genial pintor Juan Miguel Sánchez.

Sus bordados no muestran la típica acanto barroca, sino una ornamentación que transporta al espectador al lejano oriente, convirtiéndolo en uno de los conjuntos más singulares de la ciudad.

Además, la Virgen ciñe una corona de plata sobredorada rematada con piedras de lapislázuli celeste, labrada por Manuel Román Seco en 1970.

Ese mismo tono celeste inunda los escapularios de los nazarenos, quienes visten túnicas blancas de cola y avanzan en solemne silencio.

Como tributo a su fundador, la cofradía siempre realiza una emotiva ofrenda floral ante el sepulcro del arzobispo Gonzalo de Mena a su paso por la Catedral de Sevilla.

Hoy, aquella hermandad étnica se ha transformado en una corporación universal y de barrio, pero sigue portando el estandarte de los humildes y manteniendo vivo el recuerdo de quienes encontraron la libertad a través de la fe.

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